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Paisajes con heridas 2005-2006

 

Una herida es una falta de continuidad en la piel. Un cuadro formado por heridas es un retrato. 
Las heridas son el elemento de visualización del drama. Un drama como hilo conductor de mi actividad y de la de mis predecesores.
Una narración sin lugar, pues estas heridas ni lo tienen ni lo buscan.Se cierran a medida que se alejan, como en la vida. Heridas que conforman una imagen vacía, monocroma y carnosa.
Un espacio poblado de agujeros en forma de flecha que determinan direcciones pero sobre todo marcan un tiempo, el que transcurre entre que están abiertas hasta que están cerradas. 
Ahora las heridas son virtuales pues están contenidas en su plano de desarrollo. Son planas. 
Antes (Molinos 1987, Murallas 1988) eran físicas pues rompían la superficie con literalidad,sin teatralidad, al ser necesarias en la construcción de la estructura de la imagen y en su permanencia. 
Heridas distintas, que ahora tienen la capacidad de desaparecer como en un sumidero de desesperación. 
Una desaparición que supondría la única presencia de la realidad continua, la que siempre está. La piel. 
La piel es una, es continua. Las heridas son muchas y todas son distintas. Formalmente distintas porque cada una significa algo íntimo para quien la soporta. 
Es la suma de todas ellas, la suma en la relación que se establece entre esas heridas, lo que construye el movimiento de la imagen. La capacidad de movimiento contenido en un cuadro abre la posibilidad de sentirlo como un ser y no solo como un objeto, porque los objetos no se mueven si no hay una fuerza que los desplace. 
La fuerza de un artista está en generar que su trabajo mueva a quien lo observa; desplazarlo en todos los sentidos, haciéndole dudar de su posición.
 

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