DISEÑO DE PÁGINAS WEB BILBAO

Molinos 1987

 

Cómo convertir una densidad extrema en un material fluido que refleje la idea de movimiento. 
Lo denso es pesado. Habla de quietud, pues lo pesado es difícil de mover. Sin embargo, es interesante para hablar de movimiento porque implica una sorpresa narrativa del material. También supone un desplazamiento de las intenciones previsibles, representando una actitud contraria a su naturaleza. 
Baldes de óleo, de cuatro a seis, son llevados a un lienzo de manera sistemática y pausada, agotadora por la densidad extrema de su materia, creando una sensación de orden que finalmente se romperá en una intervención de diferente naturaleza. Salvaje aunque ordenada. 
La primera actitud concreta la superficie en una piel como de rinoceronte, densa e impenetrable. 
Sobre esta piel se lucha en su profundidad, en buscarla. Hiriéndola mientras se construye la estructura de la imagen. 
Todo ello es un día. Un día de trabajo. Un día de vida. Un día tan largo que no hay tiempo para hacer más. 
Entender el tiempo de trabajo como el tiempo de vida es una manera de sentir para un determinado tipo de artista. El artista para el que el conocimiento de la expresión es el conocimiento de sí mismo. De uno mismo como resultado de las leyes naturales que lo gobiernan. 
Resulta tan extraño imaginarse al último Rembrandt jugando a la petanca como natural pensar en el último Duchamp jugando al ajedrez. 
El artista ensimismado siente que necesita todo el tiempo y eso le puede destruir. 
Leonardo dormía 20 minutos cada 4 horas. En mi opinión, con ello alcanzaba dos objetivos: procesar la información de sus sueños inmediatamente sumando dos planos de consciencia, y al mismo tiempo, su trabajo era continuo, sin principio ni fin. 
El tiempo es la coordenada más determinante en arte porque incluye a las demás. El tiempo es la aspiración en un pintor porque es lo que no tiene. Trabajando con el espacio, el color, la densidad, la relación, etc. debe llegar a que el cuadro contenga tiempo. 
Esta posibilidad se desarrolla en dos direcciones esenciales. El pintor habla de su tiempo cuestionándolo, mientras sitúa su trabajo con pretensión atemporal. 
Una lucha difícil, aunque en ocasiones el artista la domina parcelando ese tiempo sin debilitarse su propuesta, como en Velázquez. De hecho, para asimilar el concepto tiempo, el hombre necesita relacionarlo mientras lo divide. 
Entender que la suma de momentos construye nuestra realidad temporal es comprender cómo el pintor fragmenta su proceso, sabiendo que siempre habrá otro día de trabajo para sumar más tiempo. 
Este proceso clásico de trabajo, en el que el tiempo es acumulativo, se quiebra absolutamente en esta serie de cuadros denominada Molinos. 

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